
Y desde aquí felicito a mis amigos catalanes, aunque alguno hay que no es del Barça y que, siendo del Espanyol, puede que lamente el resultado tanto como los madridistas. Y a mi hijo pequeño que, aún siendo de Madrid, prefiere que gane el Barcelona, aunque debe de ser más bien por llevar la contraria porque la verdad es que, como a mí, el fútbol le da igual.
Pero siempre que hay partido, como yo no lo sé, me encuentro con la sorpresa de calles cortadas en mi trayecto, coches invadiendo todos los sitios de aparcar -y los que no lo son-, miles de personas con enormes bufandas, gorros, camisetas, banderas, banderolas y banderines, chicharras, globos, petardos (y algunos puede que armas), que esperan que todos estemos tan emocionados y eufóricos como ellos y que nos dé igual que pasen con los semáforos en rojo o conviertan en interminables las esperas en los pasos de cebra... En fin, que siempre que hay partido acabo aparcando -si se puede llamar así a abandonar el coche en cualquier rincón medio taponando algún tipo de acceso- en el quinto infierno, tan lejos del estadio y su extraña influencia en los guardias de tráfico, que dejan aparcar en cualquier sitio, que siempre estoy convencido de que no lo voy a encontrar cuando vuelva a buscarlo.
Así que, aprovechando que esa masa de desgraciados (por el resultado, no quiero insultar a nadie) ya se aleja de mi barrio, voy a ir de excursión a recuperar mi coche -si aún está donde lo dejé- y acercarlo un poco hasta casa.
¡Y luego se extrañan de que no me guste el fútbol!
2 comentarios:
bueno
R. Madrid.: 2
Barça.: solo 6
Y a la mierda el aparcamiento
veo que ya has encontrado los gatges
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